PREFERENTES. HISTORIA DE UNA TRAICIÓN

Las preferentes han marcado un antes y un después en la relación con los bancos. Aquellos que hoy rondamos los cuarenta descendemos probablemente de la última generación que sabía lo que era cerrar un trato con un apretón de manos, o comprar un electrodoméstico apuntando los plazos en una vieja libreta de alambre.
Nuestros padres fueron los últimos que, si desconocían cómo invertir sus ahorros, acudían al director de su oficina bancaria de toda la vida y se dejaban aconsejar por quién ellos suponían que entendía de eso y estaba allí para ayudarles.
Y esto fue así hasta finales del 2011, que estalla el escándalo de las preferentes llevándose consigo los ahorros y la inocencia de miles de pequeños inversores.
¿Qué son las preferentes?
Las preferentes son lo que se conoce como un producto híbrido. Tiene parte de las características de una acción, puesto que da derecho a participar en los beneficios, o pérdidas, de la entidad bancaria que las emite.
Sin embargo, no permite que quién las posee pueda formar parte de la Junta de Accionistas. Pero tampoco son depósitos tradicionales, ni están cubiertas por los fondos de garantía de los mismos.
Se emiten a perpetuidad y no hay garantía alguna sobre su rentabilidad, por tanto, son un producto de alto riesgo muy difícil de entender para cualquier persona que no sea experta en inversiones.
Ya el nombre de preferentes lleva al error, pues hace parecer que se trata de un producto para escogidos, algo que va a conllevar ventajas. La realidad es muy diferente.
El nombre solo hace referencia a que cuándo las cosas van bien y hay beneficios para repartir, los preferentistas son los primeros en cobrar, incluso antes que los accionistas.
Pero con la crisis mundial y los problemas de liquidez que sufrieron los bancos, los preferentistas descubrieron que cuando todo iba mal, ellos eran los últimos de la cola para ser indemnizados y que sus títulos de propiedad se habían convertido en papel mojado.
Cuándo la realidad vio la luz
Es cierto que no todos los inversores de preferentes eran personas ajenas a las finanzas o que desconocían los riesgos que estaban asumiendo. Durante muchos años, estos productos fueron muy rentables y proporcionaron grandes beneficios a muchos expertos en inversiones.
Lo que realmente indignó a todo el país fue conocer que, precisamente cuando estos inversores se alejaron de las preferentes alertados por los riesgos que comenzaban a apreciar, estas se ofrecieron masivamente a pequeños ahorradores que claramente desconocían el tipo de producto con el que estaban tratando.
A día de hoy, los más afortunados han logrado recuperar una pequeña parte de su dinero en los tribunales o en las juntas de arbitraje.
La mayoría continúan en litigio, enmarañados en unos procesos judiciales tan lentos que en muchos casos, les impedirán conocer la resolución final.

Contribuido por nuestra amiga Raquel

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